Sin duda, la serie Narcos es una gran serie en el sentido cinematográfico. Además, parte de un argumento – real – que iguala o supera a la ficción: la violencia desatada en Colombia en los años 80 y 90, por parte de actores como los paramilitares, el ejército y la policía, los narcos, la CIA, la DEA y los movimientos populares armados de aquella época.

En parte es una serie valiente. Asume la realidad de prácticas terroristas por parte del estado colombiano con el asesoramiento de EEUU, su CIA y su DEA. Pero también hay que decir que omite algunos hechos fundamentales y distorsiona otros, no sabemos si por dar un giro más dramático a los acontecimientos o porque conviene ser “políticamente correcto” dentro de lo alucinante de toda la historia narrada.

Pablo Escobar speaking to the public during a political campaign

Pasamos a desglosar algunos hechos centrales y explicamos qué hay de cierto y falso, y qué se omite en la serie.

 

Su probable relación con Álvaro Uribe, a la postre presidente de Colombia. 

Su nombre no aparece en la serie. En los primeros capítulos se menciona que transportaban cocaína a Estados Unidos con la complicidad de “alguien” en el departamento de aviación civil. Ese “alguien” sería Uribe, según la viuda de Escobar, su ex-amante (que no murió, como se cuenta en la serie), varios políticos y numerosos periodistas. En aquella época, era director de aviación civil en Antioquía. Cuando Pablo ingresó en política, parece que fue el mentor de Uribe en el Partido Liberal.

Dos revistas y varios libros recogen que Álvaro Uribe figuraba como “el narcotraficante nº 82” en un informe del Pentágono. El propio Uribe no pudo negar la intensa relación de su familia con los Ochoa, del cártel de Medellín y socios de Escobar, pero negó en todo momento estar involucrado en el narcotráfico. No se ha procedido a ninguna investigación oficial a este respecto, aunque varios familiares directos de Uribe han sido procesados por relación con el paramilitarismo y el ex-presidente ha sido recurrentemente acusado en sede parlamentaria de dirigir varios de estos grupos.

Además, aunque Uribe responsabiliza a las FARC del asesinato de su padre, tanto la guerrilla como otros investigadores lo vinculan a ajuste de cuentas relacionados con el narcotráfico. De hecho, su helicóptero  apareció más tarde en Tranquilandia (el complejo de laboratorios del Cártel de Medellín), sin que pudiera aclararse cómo llegó hasta allí.

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La guerrilla M19 y la toma del Palacio de Justicia.

En la serie esta guerrilla es calificada de “comunista”. No lo era. Se trataba de un grupo armado socialdemócrata que aspiraba a “regenerar” el corrupto estado colombiano. Se trataba de un movimiento urbano, no rural.

Aunque la serie asuma la tesis de que Pablo Escobar financiara a esta guerrilla, no hay ninguna evidencia. La serie presenta varios hechos equívocos:

  • En ningún caso entregaron la espada a Pablo Escobar, ya que la devolvieron al gobierno colombiano tras su desmovilización en 1990.
  • Lo único que relaciona el asalto del Palacio de Justicia con Escobar es un testimonio contradictorio de uno de sus sicarios. El gobierno dirigió investigaciones oficiales en esa línea, sin conseguir ninguna prueba. Se trata de una tesis muy floja, ya que existían copias de los documentos judiciales referidos a los casos de Escobar en otros juzgados. Las dos intenciones declaradas del M19 con esta acción eran oponerse al tratado de extradición con EEUU y también realizar en sus instalaciones un juicio al gobierno colombiano, que había incumplido una tregua con esta guerrilla. La comisión de investigación concluyó que los responsables del drama acontecido fueron la guerrilla, el ejército y el presidente Betancur, por omisión.
  • Cuando el ejército inició la operación para “retomar” el Palacio de Justicia acometieron una terrible masacre. El ejército asesinó a  la totalidad de los empleados de la cafetería, visitantes ocasionales, a la guerrillera Irma Franco (que al parecer también salió con vida y desapareció después) y al magistrado Horacio Urán. Parece verosímil que, como apunta la serie, el presidente Betancur no diera la orden de entrar en el palacio, sino que los propios militares se le adelantaron.
  • L@s integrantes del M19 murieron en ataques del ejército, no a manos de sicarios ni mucho menos por órdenes de Escobar. Otr@s se desmovilizaron y se incorporaron a la izquierda política.
  • El M19 no era una panda de inocentes idiotas como aparecen retratados en la serie, sino que fueron capaces de realizar acciones espectaculares que humillaron al ejército nacional durante años. Asaltaron almacenes militares, expropiaron la espada de Bolívar, tomaron la embajada de la República Dominicana y capturaron a varios políticos y empresarios.

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El MAS (comando Muerte a los Secuestradores) del cártel de Medellín contaba con apoyos dentro del ejército y la policía.

Al menos 59 son citados por el informe de la Procuraduría General de la República. También varios cargos políticos y empresarios pudientes.

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El terrible genocidio del partido izquierdista Unión Patriótica.

En ningún momento se hace referencia a ello. El estado, los paramilitares y también los narcos del cártel de Medellín desataron una terrible matanza continuada, en la que asesinaron a más de 3.000 personas que militaban en ese partido, incluyendo concejales, diputados y candidatos presidenciales. Curiosamente, parece que Escobar en persona alertó a uno de ellos, Bernardo Jaramillo, de que iba a ser asesinado, lo que en parte motivó la ruptura con los hermanos Castaño (dirigentes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia).

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La relación de Escobar con los Hermanos Castaño.

En la serie no se cuenta que ambos (especialmente Fidel) tenían negocios con él, incluyendo el tráfico de drogas. Su ruptura pudo deberse a que Escobar ordenó el asesinato de algunos de sus socios, y también a que, como mencionábamos, interfirió para tratar de evitar el asesinato de Bernardo Jaramillo, objetivo de los hermanos Castaño y el propio estado colombiano. Como se relata en la serie, los grupos paramilitares de los hermanos Castaño fueron apoyados por la CIA, la DEA, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) e incluso el propio bloque de búsqueda. Pero también, aunque no se cite en la serie, de multinacionales como Chiquita Brands y Coca Cola. Para formar a sus sanguinarios paramilitares contaron con los servicios del mercenario israelí Yair Klein. Carlos, además, declaró que su visita a Israel le inspiró enormemente. Allí habría recibido un curso de formación militar.

Tenían otro hermano que también se involucró en sus actividades, Vicente. A Carlos le condenaron por el asesinato de su hermano. Cabe destacar que durante más de una década actuaron con total permisividad y apoyo del estado colombiano y EEUU.

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El no tan honrado presidente César Gaviria.

Como también puede deducirse de la serie, durante su mandato se recrudecieron y expandieron el narcoparamilitarismo y sicariato, y tal como se ve en la serie el cártel de Cali gozó de impunidad hasta que Pablo Escobar murió. Lejos de esa imagen honesta y patriótica, en buena medida César Gaviria fue un títere de EEUU, incluyendo por supuesto su política económica de “apertura”… a las multinacionales norteamericanas.

 

Las intenciones de Carlos Ledher, socio de Escobar, de pagar la deuda externa de Colombia en 2 ocasiones.

En una ocasión se lo propuso directamente al presidente López Michelsen. En otra ocasión lo hizo por medio de Pablo Escobar cuando era senador. Esto no se menciona en la serie. Sin duda esto hubiera reducido la dependencia de EEUU, algo que no iban a tolerar en Washington.

 

Pablo Escobar no fue senador “por unos días”, y su papel no fue irrelevante.

Llegó a formar parte de la delegación que acudió a la investidura de González. No fue él quien tomó contacto con la clase política, sino que Luis Carlos Galán se acercó a él, aunque luego lo expulsara de su partido tiempo más tarde. Y no fue él ni el ministro de Justicia quienes sacaron a la luz la verdad sobre Escobar y las drogas, sino el periódico El Espectador (por lo que fue objetivo de algunos atentados). Sí es cierto que esa información fue después investigada por las instituciones colombianas.

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Los Pepes eran también apoyados por el DAS y la DEA abiertamente, y por el bloque de búsqueda.

Mataron a muchísimos civiles porque usaban explosivos en la mayoría de sus acciones. Don Berna, el antiguo socio de Escobar, afirma que se hizo amigo de uno de los integrantes del grupo que hacía escuchas para el Bloque de Búsqueda (como aparece en la serie), pero también que él mismo acudió a reuniones, sobre todo con la DEA. Más tarde dictaron orden también contra él. Carlos Castaño también habla de cooperación pero destaca que nunca se realizaron operativos conjuntos.

 

Pablo Escobar y el cártel de Medellín no sólo formaron grupos de sicarios, sino que se involucraron también en el paramilitarismo.

Lo hicieron para acabar con la presencia guerrillera en Medellín y monopolizar el “impuesto de guerra” a transportistas y comerciantes. Igualmente estaba relacionado con paramilitares del Magdalena Medio, a los que intentó convencer para que declararan la guerra contra el cártel de Cali. No lo hicieron. En cualquier caso, el paramilitarismo en Medellín dejó un terrible y sangriento legado. En 2002 el ejército, la policía y los paramilitares desataron la Operación Orión para acabar con presuntos miembros de las guerrillas izquierdistas en la Comuna 13. A muchas víctimas las echaron a una gran fosa común, La Escombrera.

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No hay ninguna prueba o indicio que avale la tesis de que un miembro de ETA preparara la bomba del avión de Avianca.

Sólo existen algunos testimonios contradictorios que indicarían, supuestamente, que un miembro de ETA encarcelado en EEUU acabara enseñando al cartel de Medellín a poner coches bomba. Pero el único miembro de ETA que pasó por las cárceles norteamericanas en esa época falleció años antes de la ola de atentados. En cuanto a la bomba del  avión, la justicia y el periodismo tienen claro que la autoría es 100% colombiana.

 

Al margen de la serie, hay que decir que un análisis de la figura de Pablo Escobar recoge numerosas contradicciones. Construyó barriadas para la población pobre de Medellín, pero estaba relacionado con terratenientes explotadores con los que financió grupos paramilitares. Colaboró con ellos para exterminar a la izquierda, pero también pudo avisar de su inminente asesinato a Bernardo Jaramillo, líder de la Unión Patriótica. Mantuvo excelentes relaciones con buena parte de la clase política durante mucho tiempo, pero parte de la oligarquía le veía como un enemigo a abatir. Cuestionaba al estado colombiano por su corrupción y su servilismo a las élites y Estados Unidos, pero a la vez imponía el terror en sus dominios. Utilizaba la bandera del antiimperialismo en su discurso antiestadounidense, pero es probable que le moviera su miedo a la extradición. Parte de la población (aun hoy en día) le considera el héroe de los pobres, pero siempre que pudo vivió con el máximo lujo posible.

En cualquier caso, su figura sigue siendo un icono dentro y fuera de Colombia, y a menudo los periódicos andinos publican informaciones relacionadas con sus negocios, su muerte (sobre la que existen numerosas especulaciones) y el legado que dejó en Colombia. Una cosa es cierta: la cocaína cambió la sociedad para siempre, pero las estructuras de poder siguen intactas.

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