Las alarmas sonaron en todo el planeta el pasado 15 de Julio. Turquía, el segundo ejército de la OTAN, sufría una intentona golpista. Oriente Medio nos sigue demostrando que siempre puede convulsionarse más. Semanas después, el presidente Erdogan es cada vez más cuestionado en el ámbito internacional tras llevar a cabo una depuración del estado. Mucho más que las lógicas represalias: una depuración del aparato judicial, militar y educativo, ataques a barrios que destacan por su militancia social y política, toque de queda en poblaciones kurdas, refuerzo de las atribuciones presidenciales, amenaza con restablecer la pena de muerte…

Tras estos hechos, aún muy confusos, se plantean numerosas hipótesis sobre el origen del golpe de estado. Se habla de un autogolpe, de injerencia extranjera, de una conspiración minoritaria… Hay quien lo resume así.

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Para analizar lo ocurrido con un mínimo de profundidad y rigor, hay que tener en cuenta múltiples factores. En el tablero de ajedrez que es Oriente Medio, la pieza turca tiene una historia propia muy determinante, una posición geoestratégica clave, un papel importantísimo en la carnicería siria, tensiones con la cúpula de la OTAN y relaciones muy inestables y diferentes con la mayoría de los países de la zona, especialmente con Rusia, Irán e Israel. Además, está claro que Erdogan quiere transformar el estado turco incorporando el islamismo a la agenda política, estableciendo relaciones con grupos fundamentalistas extranjeros y dotándose de un fuerte presidencialismo. Pero no es menos cierto que el imperialismo occidental nunca tolera que un estado del tercer mundo tenga su propio desarrollo político y económico y lleve a cabo su propia agenda. Pasemos a analizar sucintamente estos aspectos.

La historia moderna de Turquía. Un ejército omnipresente con un proyecto ultranacionalista, alineado con la OTAN.

La fundación del moderno estado turco sucede en las primeras décadas del siglo XX. Tratando de recomponer los restos del Imperio Otomano, la organización denominada “Jóvenes Turcos”, liderada por Mustafa Kemal Atatürk, protagoniza la creación de la República de Turquía. Tuvieron lugar varias guerras con potencias euroasiáticas (como Reino Unido) y países menores (especialmente Grecia), los genocidios armenio y asirio (negados aún hoy en día por el estado) y el sojuzgamiento del pueblo kurdo, tras haberlo utilizado como avanzadilla.

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Atatürk, que podría considerarse en parte un equivalente de los fascistas europeos (con quienes tuvo buenas relaciones), dirige la modernización y europeización del país. Para ello impregna de laicismo toda la sociedad y el estado y coloca al ejército como perpetuo garante del espíritu nacional y el modelo de estado. Inicialmente se reconocen muchos derechos a las mujeres, aunque en las décadas recientes las organizaciones feministas también han sido reprimidas.

quote-i-have-no-religion-and-at-times-i-wish-all-religions-at-the-bottom-of-the-sea-he-is-mustafa-kemal-ataturk-32-63-14Ataturk no necesitaba a la religión para gobernar. Al ejército sí, en cualquier caso.

La política de estado no renuncia nunca a la Gran Turquía, interesada en influir en territorios habitados por población turcomana. Los dos ejemplos más relevantes son Chipre y la región fronteriza de Siria. Lógicamente, lo hace desde una perspectiva de potencia regional. Nada extraño, por otra parte.

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En la década de los 50 el país ingresa en la OTAN. No obstante, el ejército (y por tanto los gobiernos subsiguientes) no admiten ser simples títeres de EEUU, y desarrollan una política relativamente independiente con el deseo de consolidar su influencia en los territorios cercanos, y eventualmente incorporarlos al estado.

Una anécdota: ¿recuerdan la crisis de los misiles nucleares en Cuba? Lo que quizás no sea tan conocido es que su instalación fue una respuesta a la instalación de armas atómicas de la OTAN en Turquía, que podían alcanzar territorio soviético. Desde aquella época las tensiones con Rusia han sido recurrentes. Por otro lado, también es relevante que Turquía lleva dos décadas intentando ser admitida en la Unión Europea, que le da continuas largas.

Pues bien, de manera más relacionada con lo que nos atañe, hay que destacar el hecho de que el ejército turco ha influido decisivamente en todos los gobiernos turcos, protagonizando hasta cinco golpes de estado que llevaron a cambiar el gobierno o condicionar totalmente sus políticas. Por otro lado, tanto el ejército como la policía turca mantienen una tradición represiva y sangrienta contra la población kurda, la izquierda y, en general, cualquier movimiento social de protesta. Es decir, que un golpe de estado en Turquía no es una novedad. Tampoco el hecho de que se reprima a la población a sangre y fuego.

 

El gobierno de Erdogan. La primera ocasión en que el islamismo es tolerado por el ejército.

Erdogan es nombrado primer ministro en 2003. Posteriormente, en 2014, alcanza la presidencia de la República. Pese a las tensiones iniciales, el ejército no intervino de forma pública en su contra hasta el pasado 15 de Julio. En sus primeros años de mandato consiguió acercarse más a la Unión Europea, realizando algunas reformas democráticas como la eliminación de la pena de muerte. Pero, en lo sustancial, siguió la política tradicional turca en la política exterior. Hasta 2010.

En ese año, tanto el gobierno turco como su base social prestan un importante apoyo a la Flotilla de la Libertad, que intentaba romper el bloqueo israelí a la Franja de Gaza. La acción acabó en una masacre: el ejército israelí atacó con fuego real a las embarcaciones en aguas internacionales, asesinando a 10 personas e hiriendo a más de 30. La mayoría de los asesinados y heridos eran de nacionalidad turca, miembros de la organización IHH, vinculada directamente al partido de Erdogan, una muestra del carácter militante de su amplia base social. El gobierno turco reaccionó rompiendo parcialmente relaciones con Israel y denunciando el crimen. Hasta ese momento, Turquía era uno de los países de la zona con mayor acercamiento al estado sionista. Años después todo se diluyó, y a día de hoy las relaciones con Israel se han recompuesto; aunque por supuesto perdura la desconfianza mutua.

En 2011, con el estallido de la guerra en Siria, Erdogan toma partido con claridad. Se pone del lado de las milicias turcomanas y los grupos salafistas, incluyendo el Frente Al-Nusra y posteriormente el Estado Islámico (al igual que el resto de miembros de la OTAN). Las denuncias de colaboración de Erdogan con estos grupos terroristas han sido constantes: las rutas de petróleo contrabandeado, principal fuente de ingresos de Daesh, pasaban por territorio turco impunemente, y la frontera era un coladero para el envío de armamento y combatientes.

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La propia IHH (la organización que lideró la defensa de la Flotilla de la Libertad) ha sido señalada como colaboradora activa del grupo terrorista, acusada de enviar como ayuda humanitaria equipamiento diverso al Daesh en Siria. Es más, mientras el Estado Islámico atacaba a las milicias kurdas dentro de Siria, el estado turco hacía lo mismo dentro de su frontera, tratando de debilitar su resistencia. Incluso el Estado Islámico ha atentado en varias ocasiones dentro de Turquía en actos públicos de opositor@s a Erdogan, asesinado a decenas; la reacción de Erdogan ha sido… bombardear a las milicias kurdas y sus poblaciones.

bombardeo-irak-655x368Imágenes como ésta son frecuentes en el kurdistán turco, sirio e irakí.

Cuando Rusia bombardeó a los grupos turcomanos que dentro de Siria se aliaron al ISIS, Turquía derribó un caza ruso, lo que originó la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales. Los últimos días antes del golpe se caracterizaron por un acercamiento de Turquía a Rusia. A su vez, Putin iba a intentar negociar con Obama una solución acordada sobre Siria. Por otro lado, en las últimas semanas parece que la línea de suministros a los “rebeldes” sirios desde Ankara se ha cortado.

Recordaremos también el reciente tratado sobre los refugiados que la Unión Europea ha firmado con Turquía. Una infamia que facilita a Erdogan utilizar a los refugiados como moneda de cambio pero también usarlos como escudos humanos cerca de la frontera con Siria o incluso colonizar territorio kurdo, amenazando el proyecto de un Kurdistán libre que ahora parece más vivo que nunca.

Hay que recordar también otro hecho del que la prensa apenas se ha hecho eco: el ejército turco ha invadido de facto terreno irakí para, presumiblemente, atacar a las milicias kurdas y apoyar a Al-Nusra o el Estado Islámico. Ello ha motivado protestas del gobierno de Bagdad, aliado de EEUU que anda muy incómodo con Obama últimamente.

 

¿Por qué el ejército, o sectores del mismo, podrían querer un golpe contra Erdogan?

Cuestión compleja. Por un lado, está claro que Erdogan está impregnando el estado turco de islamismo, algo contrario a la doctrina de Ataturk que siempre ha defendido el ejército. No es creíble que los militares se preocuparan de la “pérdida de democracia”, sino más bien de su influencia menguante en el estado turco capitaneado por el gobierno actual. Por otro lado, confieso que me resulta difícil de valorar si los apoyos a grupos terroristas extranjeros, de carácter fundamentalista, han provocado al ejército, o si al contrario su marcha atrás reciente sobre el terreno sirio no ha gustado. También podría considerarse si el reciente acercamiento a Rusia ha disgustado a los militares, que operan bajo bandera de la OTAN… Buena parte de la cúpula del ejército turco pasa largas temporadas en países extranjeros de maniobras, reuniones… sería interesante saber qué se cuece en los despachos de Bruselas y Washington en las reuniones con estos mandos. Desde luego no sería de extrañar que alentaran conspiraciones como han hecho recurrentemente a lo largo y ancho de todo el planeta. Además, EEUU ha dado el visto bueno a varios de los anteriores golpes de estado en Turquía.

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Pasamos ahora a analizar las diferentes hipótesis que se han formulado en torno al golpe de estado fallido.

 

Hipótesis 1: Una conspiración militar minoritaria sin apoyos extranjeros.

Ésta es la hipótesis defendida públicamente por Erdogan y sus partidarios en los primeros días. Una minoría de mandos militares habría intentado derrocar a Erdogan del poder bajo la influencia del intelectual, teólogo y multimillonario Fethullah Gülen.

Pero esta hipótesis tiene muchos problemas.

En primer lugar, hay que considerar el tamaño del ejército turco, el segundo más grande de la OTAN, sólo inferior al de EEUU. Cuenta con poco más de un millón de soldados. ¿Es creíble que un grupo reducido, poco más de 3.000, pensaran que podían llevar a cabo su intentona con éxito, sin implicar a la mayoría del estado mayor y de las fuerzas estratégicamente ubicadas? Parece poco probable.

Por otro lado, ¿No se esperaban los golpistas la reacción de las bases del partido de Erdogan? Desde luego, era predecible que saldrían a la calle, llenas de rabia, y dispuestas incluso a sacrificar sus vidas por millares para defender al gobierno que habían elegido democráticamente. La experiencia egipcia tras el golpe a los Hermanos Musulmanes (correligionarios de Erdogan) lo deja claro: sin un baño de sangre, sin miles de asesinatos y encarcelamientos, sin una represión brutal, no era posible estabilizar la situación. Y los golpistas, en lugar de abrir fuego contra la multitud (algo que por otra parte no sería tan extraño en Turquía) se dejaron capturar y matar a golpes por masas aparentemente desarmadas. Y lo más importante: fallaron al intentar capturar a Erdogan. Una chapuza comparado con lo que hizo el carnicero Al-Sisi en el país del Nilo.

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Hipótesis 2: una conspiración militar con apoyos extranjeros.

Esta segunda hipótesis tendría visos de verosimilitud, y el gobierno de Erdogan (y buena parte de los partidos turcos) la han ido asumiendo. Hay varias potencias extranjeras que podrían tener intereses en el derrocamiento de Erdogan, pero solamente las alineadas con la OTAN mantienen buenas relaciones con el ejército turco. Como decíamos antes, Erdogan ha dado más peso a la tradicional autonomía turca, y aunque sigue las directrices de Washington podría decirse que en buena medida actúa por propia iniciativa en Siria. Su intervención tiene mucho de esa lógica tradicional turca. Por un lado, busca ampliar su influencia en los territorios sirios donde habita población turcomana. Por otro lado, ha intensificado su lucha contra las milicias kurdas, única minoría étnica que ha resistido los embates de la Gran Turquía. El punto novedoso es que también ha fortalecido sus relaciones con los grupos islamistas suníes armados, que operan conjuntamente con el Estado Islámico.

Aunque EEUU y Reino Unido también han colaborado en cierta medida con Daesh y son responsables directos de su creación por la invasión de Irak y la entrega de armas a los “rebeldes” sirios, bien podrían percibir que Erdogan ha ido demasiado lejos, y que resulta un aliado incómodo. Más aún cuando intenta recomponer sus relaciones con Rusia, hacia quien EEUU apunta sus operaciones. Desde luego, llamó la atención que ningún gobierno de la alianza militar condenara el golpe hasta que fracasó, y que incluso Alemania negara permiso de aterrizaje al avión de Erdogan la noche del golpe. Otra pequeña evidencia que abonaría esta tesis es que parte de los golpistas formaban parte de las fuerzas conjuntas de la OTAN. Como decíamos antes, EEUU ha apoyado algunos golpes en el pasado. Y si recordamos el que tuvo lugar en Egipto, hay elementos comunes: los Hermanos Musulmanes ofrecían a Washington cierta colaboración desde la autonomía (al igual que Erdogan), y EEUU bendijo el golpe a posteriori, no antes. Quizás, al ver que el grueso del ejército no apoyaba el golpe, pudieron abortar la operación y abandonar a su destino a los golpistas.

Desde luego, de llegar a triunfar, el escenario posterior hubiera sido similar: una represión sin precedentes de las revueltas contra los militares, y un conflicto social duradero, en caso de que el ejército se mantuviera unido. En cambio, si el ejército se hubiera dividido, hubiéramos tenido un escenario similar al de Siria, que hubiera supuesto una descomposición total de Oriente Medio, con un millón de soldados profesionales enfrentados entre sí, con bases de la OTAN cercadas, con un armamento increíblemente potente. ¿Querrían las potencias europeas y EEUU arriesgarse a esta posibilidad? Éste es quizás el punto débil de la hipótesis, puesto que Turquía vale más para la OTAN por su función de gendarme geopolítico que por sus recursos naturales. Una guerra así a las puertas de Europa sería un gran peligro, aunque no sabemos hasta dónde estarían dispuestos a llegar en el Pentágono.

 

Hipótesis 3: Un autogolpe de Erdogan para purgar la disidencia y acelerar cambios en el estado turco.

Ésta es la hipótesis que más circula en las redes sociales y la prensa occidental. Hubiera exigido uno de estos dos escenarios:

1- Erdogan conoce los planes de una conspiración, con o sin apoyo extranjero. Decide infiltrarla y controlarla para tenerla bajo control para hacerles creer que gozan de más apoyos de los que realmente tiene. En ese momento activa el contragolpe.

2- Erdogan, de forma especialmente maquiavélica, induce a algunos mandos militares a convencer a otros de que den el golpe, infiltrándolo desde el principio y activando el contragolpe con todo el control.

Esta hipótesis, aparentemente, resuelve muchas dudas, y explica cómo un grupo minoritario se atreve a llevar adelante el golpe, quedando en evidencia, inferioridad de condiciones y siendo derrotados fácilmente. También la reacción al golpe, las depuraciones, el reforzamiento del poder… Se trataría de una jugada magistral que llevaría a Erdogan a ser el nuevo sultán. Sin embargo, está por ver la reacción internacional. EEUU y la Unión Europea tendrán que analizar su actual relación con Turquía y sopesar los pros y contras de mantenerla como aliado. Algunas reacciones ya se han hecho públicas, aunque está por ver si finalmente algo cambia. Erdogan es consciente del peligro de aislamiento, pero podría confiar en su peso geoestratégico y su fuerza militar, si es que le sigue siendo fiel. Quizás éste no sea el último conflicto con su ejército, que en el fondo se ha formado bajo el paraguas de la OTAN.

 

Como se ve, la realidad es compleja, y convendría seguir lo que dicen en Turquía la izquierda social y las fuerzas políticas kurdas y progresistas, que condenaron el golpe de estado en cuanto se produjo. Bien conocen el papel del ejército, y podrán dar más luz sobre lo que vaya sucediendo. Lamentablemente, la barrera del idioma hace difícil seguir el periodismo independiente en Turquía.

Para concluir, una última reflexión. Desde Europa es tentador pensar qué soluciones pueden darse a estos conflictos. Pero no debemos olvidar que los y las protagonistas son los millones de hombres y mujeres que habitan Turquía. Son ellos y ellas los que deben dilucidar su futuro, nos guste más o menos, y las soluciones anglosajonas y europeístas no sirven. Y, desde luego, no es en absoluto consecuente apoyar un golpe de estado dirigido por militares represivos que pertenecen a la OTAN. La legitimidad democrática de Erdogan, o la de los Hermanos Musulmanes en Egipto, es infinitamente mayor que la de los militares. Apoyar un golpe de estado de un ejército sanguinario miembro de la OTAN es totalmente aberrante desde una óptica izquierdista. De hecho, el partido HDP (kurdo-izquierdista) se pronunció contra el golpe desde el primer momento, teniendo claro que los militares también son su enemigo.

De ahí la importancia de tener referentes claros, como el partido ya mencionado y las diferentes organizaciones sociopolíticas que llevan décadas luchando contra el estado turco, ya fuera laico o islamista. No nos perdamos en cuestiones religiosas; los conflictos están siempre originados por motivaciones geopolíticas y económicas, y éste no es una excepción. No es relevante que el verdugo que les gobierna sea laico o confesional. Y los tertulianos liberales, conservadores o “progres” de Europa nunca deben ser nuestra guía.

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