El pasado sábado 18 de Abril tuvo lugar una manifestación antirrepresiva en Burgos. Podría pensarse que fue una más, pero hay varias claves que, si se analizan, nos llevan a pensar que no sólo fue exitosa, sino que trascendió la dinámica habitual de este tipo de eventos. No porque hubiera disturbios (que no fue el caso), ni porque acudieran miles y miles de personas (que tampoco), sino por la variedad de personas, organizaciones y colectivos que acudieron, los ánimos altos que se percibían y los mensajes claros y contundentes que expresaban las consignas.

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Para empezar, hay que destacar que acudieron al menos dos cientos de personas de otras localidades, algunas bastante alejadas tanto geográficamente como por las distintas circunstancias que existen en cada territorio. Fuimos acompañados por gentes de Palencia, Zaragoza, Euskadi… con el denominador común de la represión que sufrimos por luchar contra el sistema que nos toca padecer. Y no sólo acudieron gentes de diversa procedencia, sino que además en la manifestación se mostró apoyo, sin ambages, a personas represaliadas en otros lugares. Se pudo escuchar a una pequeña multitud (alrededor de 1.000 personas) gritar con rabia “Yo también estuve en el Parlament, y lo volvería a hacer”, e incluso una pancarta recordaba la culpabilidad del estado mexicano en el asesinato y desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014.

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Así que la respuesta y la rabia ante la represión no se quedó sólo en localismos; cada vez más gente comienza a percibir y sentir que los crímenes del capital en todo el planeta nos atacan también a nosotros, a nosotras, aunque vivamos a miles de kilómetros de distancia. Por otro lado, en el manifiesto se hablaba también muy claro de la represión que sufren los anarquistas y “las personas secuestradas por el estado en Euskadi y Galicia”. Algo que quizás hace unos años hubiera levantado ampollas en muchas de las personas que participaban en la manifestación, pero que en ningún momento generó controversia.

Por otro lado, fue también notoria la presencia de militantes y activistas burgalesas de muy diversas asambleas y organizaciones, que no siempre trabajan al unísono. Se recordaron los diversos casos de represión en nuestra ciudad, procurando no olvidar a nadie. Se habló, cómo no, de las personas encausadas y multadas por la lucha contra el bulevar de Gamonal, pero también de las 14 activistas de la PAH que recientemente fueron absueltas por ocupar el Ayuntamiento, de los montajes policiales contra Resaca Castellana, de las personas encausadas y multadas por la lucha contra la reforma de la plaza de toros, de los imputados por protestar en la proclamación de Javier Lacalle como alcalde en 2011, y de los detenidos y detenidas en las últimas huelgas generales y estudiantiles, mostrando esa unión tan necesaria en la solidaridad. Además, sabemos que los responsables del hostigamiento policial, gubernativo y judicial son los mismos: por un lado, el alcalde y el subdelegado del gobierno, y por otro, el cacique Méndez Pozo, que obliga a aquellos a imponer sus obras especulativas a fuerza de porrazos.

Tenemos que destacar, además, los buenos ánimos y sintonía que se vieron en la movilización. No se paraba de gritar y de cantar, y todos y todas participábamos. Nadie se quedó mudo ni pasivo, y se escuchaba un auténtico coro de la rabia y la solidaridad por todo el centro de Burgos. Éramos cientos, quizá mil, pero desde lejos parecíamos muchas más. Además pudieron verse un montón de pancartas de mano, otra de cabecera, otras bien altas…

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En definitiva, una manifestación exitosa, por diferentes motivos, y de la que me quedo con una conclusión. Una buena parte de quienes nos vemos a nosotras mismas como enfrentadas al poder nos atrevemos a llevarle la contraria públicamente con ganas, y con claridad meridiana. Nos atrevemos a decir bien alto que los anarquistas no son terroristas; mostramos apoyo a colectivos antifascistas como Resaca Castellana a pesar de que haya sido absolutamente demonizados por la prensa de Méndez Pozo y la Subdelegación del Gobierno; exigimos la libertad de las personas detenidas en las luchas, sin que nos importe si son culpables de lo que el estado quiera acusarlas; y nos vamos a casa tan anchos, tan a gusto y sin remordimientos ni dudas, con el ánimo alto, esperando que llegue la próxima ocasión para insistir en ello. A pesar de que nos rodee la UIP, no nos callamos. Durante años el estado y los medios se ha dedicado a crear demonios, y el pasado sábado quemamos unos cuantos. Que se jodan.

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