Hartos. Hartas. Así estamos muchas. Hartos de ver furgones de la UIP acosando, insultando, intimidando y aporreando. Hartas de ver cómo el Ayuntamiento de Burgos y la Subdelegación del Gobierno huyen hacia delante, criminalizando cada vez a más vecinos y vecinas. Hartos de que cada semana se conozcan más sanciones y citaciones judiciales; un día por el bulevar, otro por la plaza de toros, otro por un encierro en el Ayuntamiento de la PAH, otro por una movilización antifascista, otro por visitar un Centro Social, otro por ser inmigrante y recibir clases de castellano o coger un autobús; y vuelta a empezar. Hartas también de que el Diario de Burgos suela acompañar la represión con calumnias contra la gente que lucha. Hartos de las mentiras de la policía en las denuncias y atestados, y del subdelegado del gobierno ante la prensa. Hartas del cinismo hipócrita de Javier Lacalle, que escenifica un paripé de diálogo para multar a los que se reúnen con él.

Y es que, aunque la represión nunca ha sido novedad en Burgos, llevamos un año indignante. Antes las sanciones, detenciones y multas llegaban sólo a lo que los medios llamaban “radicales” o “extrema izquierda”, o a las personas sin papeles, de lo que no solíamos enterarnos. A quien le tocaba sabía que podía contar con el apoyo de su gente, no mucha más, porque el resto a menudo se desentendía. Pero bueno, así eran las cosas, y parece que vamos mejorando; la mayoría de las que salimos a la calle vamos entendiendo que cuando tocan a alguien nos tocan a todos y todas; que lo de menos es si la persona encausada ha hecho algo “ilegal” o no, que lo importante es que a los compañeros y compañeras hay que apoyarles.

Y es que el panorama es un tanto kafkiano. Tras las combativas protestas contra el bulevar y la plaza de toros, mucha gente fue denunciada porque los agentes de la UIP eran incapaces de identificar o detener a quienes les plantaban cara y resistían sus abusos; así que detenían a quien se quedaba mirando o simplemente pasaba por allí; preferiblemente si estaba solo y no había testigos. Detenciones que a menudo iban acompañados de golpes y malos tratos, tanto en la calle, como en los furgones, y en comisaría.

Más surrealista es el hecho de que el alcalde sea tan cobarde, rastrero y vil que facilite a la Subdelegación del Gobierno los datos de las personas que acuden a reunirse con él. Dialoguemos, dialoguemos… que no os voy a escuchar y ya os llegará la denuncia. Además, se procesa a quienes se mostraban más dispuestos a encauzar por la vía tradicional un conflicto que se iba recrudeciendo por el acoso policial y la vigilancia intensiva. Sin quererlo, nos están dando una lección: dialogar con estos caciques no trae nada bueno.

También resulta absolutamente indignante que la policía mienta descaradamente en sus atestados. Entre otros muchos ejemplos, puede destacarse el de la movilización antifascista contra los fascistas de Respuesta Estudiantil. A la policía se le metió en la cabeza que tenía que disolver a quienes rechazaban el fascismo, y comenzó a cargar. Detuvieron a dos jóvenes, y les acusaron de romper las lunas de un banco… que llevaba roto dos semanas!!! Existen pruebas gráficas, y recortes de prensa, que así lo prueban, además del conocimiento público y notorio de todos los burgaleses. Pero aun así prueban a ver si cuela.

Y no acabamos ahí. Una muestra de la crueldad de quienes nos gobiernan es su determinación de abusar de los más indefensos. En nuestra sociedad, son las personas inmigrantes en situación irregular. No pueden defenderse legalmente, no conocen sus derechos, no suelen tener contactos organizados que los puedan apoyar. Pues bien, desde hace tiempo la policía realiza discretas redadas racistas en la estación de autobuses, identificando, y deteniendo, a quien les parezca sospechoso: es decir, a las personas que por su grupo étnico sean susceptibles de no llevar papeles. Ahora parece que han ampliado sus miras y han dejado de intentar esconder estas prácticas; esta misma semana se han dedicado a dar caza a quienes acudían a la asociación Atalaya a recibir clases de castellano. Claro, objetivo perfecto. Si no saben castellano no tendrán papeles. Detuvieron a dos personas en la puerta de la sede. Desde la asociación se preguntan si tendrán que apoyar a las personas inmigrantes en la clandestinidad, porque parece que son utilizados como cebo por las fuerzas de seguridad. Si esta situación continúa, lógicamente el miedo impedirá que nadie acuda a servicios de formación y apoyo social, por lo que estas personas quedarán más desvalidas y aisladas aún. Además, en muchas ocasiones a las personas inmigrantes se les confina en Centros de Internamiento de Extranjeros, donde no pueden recibir visitas de abogados, y están absolutamente indefensos legalmente; ni siquiera tienen garantías de atención sanitaria ni de mantener su integridad física. Como decía al principio, una crueldad sin límites. Pero parece que después de los ataques de París todo vale. Utilizan la islamofobia para justificarlo todo.

Menudo panorama tenemos. En otras ciudades es parecido, o incluso peor. Pero eso no es consuelo, ni excusa para quedarse mirando. Igual hay que dejar de reconocer como interlocutores válidos a quienes ordenan y ejecutan estas actuaciones. Y sobre todo, arrimemos el hombro, en todos los sentidos, para apoyar a quienes lo necesitan. Si no, estamos perdidas.

Anuncios