Colas en los supermercados. Ataques terroristas. Rumores sobre desestabilización. Empresarios que acaparan productos. Mercado negro. Las clases pudientes agitando las calles. Titulares de prensa que parecen partes de guerra. Gobiernos extranjeros que hablan de renuncias y salidas. ¿Les suena? Podría ser Venezuela. Pero también el Chile de Salvador Allende. Y, por supuesto, la futura Grecia o el estado español.

Porque la causa de estos problemas no reside tanto en el mal hacer del gobierno como en la estrategia golpista de la oligarquía financiera, la oposición derechista y sus aliados internacionales: el capital y las agencias norteamericanas. No es nada nuevo.

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Pantallazo12La prensa chilena, en manos del capital, jugó un papel importantísimo en el golpismo contra Allende. Así acabó todo.

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Si seguimos la prensa internacional hablando de Venezuela, ésa que  que se financia con la publicidad de las grandes multinacionales, será inevitable pensar que el modelo económico de Chávez y Maduro es ineficaz y está acabado. Antiguos ministros del régimen anterior que ordenaron masacres (como Moisés Naim) escribirán en El País que Venezuela es una dictadura que condena a la población a la miseria.

Analizando de cerca la realidad, veremos que hay cosas que no cuadran. Por un lado, algunos indicadores económicos son buenos o incluso excelentes. Ejemplo: el paro es inferior al 8% y sigue bajando, el salario mínimo es el más alto de toda Latinoamérica y se acerca al español, la desigualdad continúa reduciéndose… pero, sin embargo, la inflación (que siempre fue alta, desde los años 80) se ha disparado, aunque no llega a superar el 100% como en los tiempos del corrupto neoliberal Carlos Andrés Pérez.

Los empresarios “productivos”, es decir, los que tienen tejido productivo dentro de Venezuela, han estado recibiendo subsidios millonarios para aumentar la producción de bienes de primera necesidad. Los empresarios “especuladores” se han aprovechado de la cesión de divisas para especular.  Por otro lado, el estado y las comunidades han desarrollado un gran tejido agrícola e industrial. Es decir, la capacidad del país de producir bienes de toda índole ha aumentado, sin duda. ¿Qué es lo que ocurre entonces?

Pues varias cosas. Por un lado, para esquivar el control de precios que el gobierno ha impuesto, numerosos empresarios exportan esos bienes a otros países, en lugar de ponerlos a disposición de los venezolanos y venezolanas. Por otro lado, en vez de producir los alimentos regulados, se introducen nuevas variedades que pueden vender a precios más altos. Por ejemplo, al estar regulado el precio del arroz blanco, le añaden colorantes y especias y lo venden como “vaporizado de sabores” a un precio mucho más alto. Además, algunos distribuidores sin escrúpulos se dedican a acaparar grandes cantidades de bienes para venderlas en el mercado negro. Y, por supuesto, algunos grandes oligarcas (especialmente la familia Mendoza) provocan el desabastecimiento de manera deliberada para generar descontento con el gobierno y tumbar la revolución, e instalar a un nuevo gobierno afín a sus intereses.

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Con el desabastecimiento en marcha, los medios de la derecha se dedican a sembrar el pánico en la población. No sólo llaman a exteriorizar el descontento, sino que lo azuzan siendo agoreros y pronosticando hambre y miseria. La ultraderecha encapucha a jóvenes de clase media/alta y provoca disturbios, no sólo enfrentándose a las fuerzas de seguridad, sino atacando a los sectores sociales favorecidos por la revolución y quemando centros de salud, viviendas estatales, guarderías… y asesinando a militantes revolucionarios y gente de los barrios. Además de utilizar al crimen organizado, las bandas paramilitares y policías corruptos para generar violencia.

Este tipo de situaciones, que sin duda son graves, no llegan a constituir un típico golpe de estado. La táctica que se emplea aparece camuflada como descontento social, crítica periodística… no se parece al típico golpe militar donde unos tipos con pintas de gorilas asesinos salen en televisión diciendo que ellos van a salvar la patria. Pero en realidad el objetivo es el mismo. Es un golpe suave.

Y esa estrategia, la del golpe suave, es la que nos debe preocupar en Europa si se rompe el tradicional bipartidismo. Si las nuevas fuerzas políticas surgidas con el descontento popular alcanzan el poder en Grecia y el estado español, tienen dos opciones: rendirse o luchar.

Si los nuevos gobiernos deciden rendirse ante el capital y simplemente reconducir la situación para que el saqueo no sea tan escandaloso, sin duda Europa y la oligarquía financiera sabrán agradecérselo. Les esperará una jubilación dorada, como la reservada a la casta, y nos pasará como en 1982 con Felipe González. Es decir, que cambiará todo para que nada cambie y la explotación y el saqueo continúen, esta vez con la careta de la renovación.

Pero si un nuevo gobierno decide enfrentarse al capital, procurando nacionalizar sectores estratégicos, desprivatizando los servicios públicos, organizando nuevas maneras de producir, atacando los privilegios de la oligarquía y descentralizar el poder hacia el pueblo organizado, sin duda tendrá ante sí el golpismo suave del que hablamos. Aunque sólo pretenda parar la explotación y regenerar la democracia. Y tendrá que anticiparse y combatirlo.

Merkel-Lagarde-analizar-FMI-europea_TINIMA20120122_0511_5La canciller alemana y la presidenta del FMI ya han amenazado a los griegos en reiteradas ocasiones

 

Con toda probabilidad, ante un cambio de gobierno en Grecia o el estado español se producirá una instantánea fuga de capitales. La legislación europea no sólo no lo impide, sino que lo facilita. A buen seguro ésa será la primera presión que tendrá que afrontarse. Igualmente, los especuladores querrán dejar de comprar bonos de deuda, o bien obtener unos intereses exorbitados. La prima de riesgo, pues aumentará. Veremos si los nuevos gobiernos ceden o bien deciden vender bonos a China, Rusia, el Banco del Sur… que sin duda estarían dispuestos a llegar a acuerdos.

Por otro lado, también habrá un pulso con la producción y la contratación. Entre las primeras medidas de un hipotético gobierno y la consecución de nuevas leyes en materia laboral, por ejemplo (echando para atrás las reformas de PP y PSOE) quizás los empresarios decidan despedir por miles, para calentar las calles, argumentando que “con este gobierno es el único remedio que nos queda”. O amenazar con tener que hacerlo. Esto lo han hecho en otros escenarios, incluso llegando al “lock-out” o cierre patronal: algo así como una huelga encubierta del capital, que se niega a producir y dar trabajo como medida de presión.

Y habrá más. En otros lugares, el capital ha llegado a utilizar sindicatos corruptos para enfrentar a los trabajadores y trabajadoras con un gobierno que a su vez pelea contra el capital. También ha conseguido que algunos “disidentes” de la izquierda se alineen con las tesis de la derecha. Y por supuesto, la prensa. ¿Nos podemos imaginar las portadas de El País, El Mundo, ABC… ante un gobierno progresista- no necesariamente revolucionario-? ¿O los llamados de la iglesia católica ante la pérdida de privilegios?

Así que cuando oigamos hablar de gobiernos más o menos revolucionarios que afrontan situaciones difíciles, no pensemos tan fácilmente en los tópicos que la prensa nos ofrece. “Comunismo es miseria”, “la izquierda nos trae la pobreza”, “el gobierno es incapaz”… Seguramente los gobiernos tengan dificultades para articular la economía capitalista, y por supuesto en condiciones tan duras, y además puede que tengan problemas de corrupción en su aparato. Pero el fondo del asunto, en muchos casos, es otra cosa. La estrategia del golpe. Derribar a un gobierno adverso a los intereses del capital. Y puede que nos toque este escenario algún día. En realidad, el golpe militar contra la II República fue precedido de maniobras como las descritas anteriormente. Y aunque un golpe militar parece improbable, la desestabilización parece casi segura. Preparémonos, porque con ganar unas elecciones no basta. La lucha continúa.

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