Okupación. Entrar en un bien inmueble abandonado, preferiblemente si pertenece a un especulador/a, y darle uso, para cubrir necesidades de vivienda o para la acción sociopolítica y cultural de manera colectiva. Algo así entendemos, ¿no?

La okupación es una herramienta con varias funciones. La más obvia, la de poner a disposición de la comunidad un espacio concreto donde pueda vivirse, o bien realizar actividades de diversa índole. Pero también es una llamada de atención sobre la especulación, la carestía de vivienda, la inexistencia de locales para la reunión, expresión y creación colectiva. Carestía que, como  todo en el capitalismo, contrasta con la desigualdad y el gran número de bienes que existen. Porque hay gente sin casa pero miles y miles de casas sin gente. El estado y los especuladores prefieren tener locales o viviendas cerrados a cal y canto, en deterioro progresivo, antes que darle un uso comunitario.

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En nuestro barrio, y en todo Burgos, la okupación ha sido muy común. Quien tenga memoria recordará muchos ejemplos: los antiguos chalets de aviación, La Zarza, La Chispa (actualmente Centro Social Recuperado de Gamonal), la Casa Okupa de Las Llanas… Eso en cuanto a centros sociales autogestionados; también es habitual en esta época en la que vivimos que personas particulares okupen alguna de las innumerables viviendas vacías que existen.

Si nos remontamos tiempo atrás, en el año 1991 tienen lugar dos ocupaciones: el Centro Okupado Autogestionado en las Llanas y la de la antigua fábrica de CELEBUSA en nuestro barrio, en lo que hoy es el parque Félix Rodríguez de la Fuente. Con respecto a la primera, decir que marcó una época, que el nivel organizativo fue muy alto  (se creó la Asamblea de Okupas de Burgos) y consiguió ser conocida y reconocida en toda la ciudad. Aquí podéis encontrar una referencia y fotografías.

En cuanto a la fábrica de CELEBUSA, hay que recordar que todo nuestro barrio estaba poblado por fábricas rodeadas de viviendas. Una de las últimas en demolerse fue ésta. Cuando quedó abandonada, el movimiento vecinal de Gamonal comenzó a exigir que se levantara un parque en esa zona, ya que la especulación urbanística y el desarrollismo impulsado por las autoridades franquistas y los constructores no habían dejado ningún espacio verde ni libre. Al no concretarse estas demandas, un grupo bastante numeroso de personas okupó la fábrica y trató de acondicionarla. Entre las actividades más renombradas se puede destacar el concierto de los grupos Reincidentes y Andanada 7, por doscientas pelas de aquella época. Posteriormente, ante la presión gubernativa y el compromiso arrancado de construir el parque, el centro social acabó su andadura.

1888609_753211098031489_870956539_nFotografía tomada del facebook del grupo “Alarma Social”, que actuó en este centro y también en los chalets de aviación.

En el año 1996 también se celebró un encuentro titulado “5 años de okupación y resistencia”, en las fiestas de San Pedro, en los chalets de aviación. Se encontraba al final de la Calle Vitoria. En este centro okupado también actuó Def Con Dos, y como decíamos el grupo “Alarma Social”. Este grupo también ensayaba en dicho local. Aquí puede verse un vídeo grabado en esas instalaciones.

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Para más información sobre estos espacios y el urbanismo de nuestro barrio, puede consultarse el siguiente artículo: “Gamonal: del general Yagüe a la mafia del ladrillo.”

De los años 90 en Burgos son también otras ocupaciones: Barrio Gimeno, Santa Cruz, San Francisco, las escuelas de la Barriada Yagüe, Hospital de los Ciegos

Y pasando ya a los años 2000, tras la experiencia de “La Ingobernable” en San Bruno, un amplio grupo de jóvenes abrió el centro social “La Zarza” (Capiscol), en el mes de Marzo de 2007. El edificio había sido un taller y estaba abandonado desde hacía años. Pese a que sólo permaneció cuatro meses abierta, ya que se produjo un violento desalojo, se desarrollaron multitude actividades: desde unas jornadas ateas a una fiestas de Burgos autoorganizadas, pasando por charlas, rehabilitación, pasacalles, debates… Aquí puede verse un listado bastante completo de todos los acontecimientos que rodearon a este centro social.

Llegando ya a 2011, el 19 de Noviembre la Asamblea 15-M de Gamonal recuperó para el barrio un antiguo cine de Caja Burgos, que llevaba unos 8 años abandonado por la entidad y el Ayuntamiento. Dicho espacio pasó a llamarse “La Chispa”. Tras un mes escaso pero frenético en lo que se refiere a actividad, la policía y la Caja perpetraron un desalojo aparentemente ilegal de madrugada, aunque multitud de miembros del colectivo se personaron a lo largo de toda la mañana retrasando las obras de tapiado que los operarios llevaron a cabo, y denunciando la maniobra represiva. A día de hoy, este espacio es el Centro Social Recuperado de Gamonal, recuperado de nuevo para el barrio en Enero de 2014, tras la lucha contra el bulevar. Una breve historia y fotografías relacionadas con este inmueble puede verse en la 15mpedia.

Otra ocupación, un tanto atípica, pero que perdura, es lo que se conoce como Huerta Comunitaria de Capiscol, impulsada en sus orígenes (mayo de 2012) por la Asamblea de Gamonal 15-M. Propiedad de los “5 magníficos” constructores que arruinan a Burgos y sus vecinos/as, este solar antes abandonado, lleno de escombros y basuras, es hoy una huerta comunitaria autogestionada donde se trabaja la tierra colectivamente. Se han realizado en estos dos años largos un buen número de actividades, incluido un impresionante concierto en las fiestas de San Pedro de 2013. Los domingos se puede pasar sobre las doce del mediodía a la asamblea y trabajos.

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También tuvo eco en varios medios la ocupación de una antigua residencia abandonada por el arzobispado burgalés. Esta institución, lejos de practicar la caridad, compasión o solidaridad, denunció a los ocupantes y mantiene su pretensión de acaparar propiedades sin uso. Más grave es la “inmatriculación”, con la que la iglesia española se ha apropiado de manera absolutamente arbitraria y unilateral de miles de edificios y terrenos en todo el estado. Esto constituye un robo y estafa generalizada en toda regla, como denunciaba en el congreso Sabino Cuadra.

Si salimos de nuestra ciudad, no muy lejos tenemos la red de Gaztetxes (“casa de la juventud”) de Euskal Herria. Desde los 70, numerosos locales han sido okupados (en algunos casos con el consentimiento y apoyo de algunos ayuntamientos) y han sido autogestionados por la juventud. Tanto el gobierno vasco de PNV o PSOE, el navarro de UPN y el español tienen una especial hostilidad a la autorganización en aquellas tierras, por lo que se han vivido episodios represivos dramáticos  y caciquiles. Especialmente graves y violentos fueron el cierre y derribo de Kukutza en el barrio bilbaíno de Rekalde y el Euskal-Jai en el centro de Pamplona. A día de hoy el más longevo y conocido puede que sea el de Vitoria-Gasteiz, situado en pleno Casco Viejo. Pero existen y han existido cientos, repartidos por innumerables pueblos y ciudades, jugando un papel fundamental en la actividad política autónoma, las fiestas populares organizadas conjuntamente con las “txosnas”, la cultura juvenil y la lucha contra la especulación. A modo de ejemplo, aquí podemos ver el lipdub que la gente de Kukutza grabó poco antes del desalojo, donde podemos ver la impresionante magnitud de las actividades que allí se realizaban.

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En el resto del estado también abundan los ejemplos. Barcelona es quizás la ciudad donde más auge ha tenido la okupación, y al igual que Madrid y otras ciudades existe una oficina de apoyo para estos casos. En Sevilla, antes de Las Corralas, ya existía tradición: especialmente llamativo era el edificio de San Bernardo, okupado por 11 familias donde destacaban las madres y abuelas por su determinación.

Más lejos, en Amsterdam, los squatters fueron determinantes para el cambio de políticas de vivienda . El día de la coronación de la reina Beatriz I tuvieron lugar fortísimos disturbios, precedidos de la okupación de un edificio nuevo en el centro de la capital. Esta episodio, junto con las reivindicaciones del movimiento y su lucha sostenida, consiguieron que la política de viviendas sociales fuera una prioridad para los gobiernos holandeses en las décadas siguientes. Esta política no está exenta de críticas, pero sin duda fue un avance arrancado al capital con la determinación de las movilizaciones. Tanto es así que el propio museo de historia de Amsterdam recoge estos hechos y asume que la presión social obligó a modificar radicalmente las leyes que regulaban la protección social de los inmuebles y la vivienda.

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Al otro lado del charco, en Sudamérica, también se conocen estas luchas, aunque desde ópticas un tanto diferentes. Muy conocida es por ejemplo la película “La estrategia del caracol”, que narra las vicisitudes que atraviesan unas familias bogotanas en su lucha por una vivienda digna. Las urbes colombianas no escapan de la especulación inmobiliaria, con el agravante de que la represión (especialmente la que se produce al margen de la ley) es mucho más grave. En Colombia, además, se produce otro drama; quienes poseen una pequeña propiedad codiciada por grupos de poder pueden acabar expulsado y/o asesinados por grupos paramilitares. Es muy conocida la frase “O me vende usted, o le compro a la viuda”. Todo ello a pesar de la hipócrita reforma de la Ley de Tierras del presidente Santos, que en teoría defiende que las familias puedan recuperar sus tierras… y en la práctica hace que sean asesinadas cuando lo intentan.

En cuanto a la Venezuela Bolivariana, como todo en aquel país, este aspecto no está exento de contradicciones. Por un lado, hay que tener en cuenta que el desarrollismo de los locos años 80 trajo a las principales ciudades del país un urbanismo absolutamente caótico, funesto, y que la población se marchó en masa a Caracas y otras capitales abandonando el campo. Fruto de esta situación, los nuevos pobladores acometieron invasiones (término legal usado en aquella época) y se autoconstruyeron sus viviendas en los márgenes. En Caracas la situación era especialmente problemática, ya que en los llamados cerros (las laderas que rodean a la capital, en el centro de un valle) la insalubridad y el peligro que afrontaban estas familias eran terribles. Cuando caían lluvias torrenciales, las aguas arrastraban multitud de viviendas precarias, y se contaban los muertos por decenas o incluso centenares. En el caracazo de 1989, fue esta gente, la más humilde de la capital, quien bajó al centro a pelear contra la oligarquía. Los asesinados por el gobierno de Carlos Andrés Pérez se cuentan por miles, enterrados en fosas y actualmente en proceso de recuperación y reivindicación por la Revolución Bolivariana. Así que tenemos una geografía humana especialmente marcada por aquellos hechos y realidades.

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Pues bien, a partir del año 1.999, con la siguiente constitución, se continúan produciendo situaciones problemáticas.  Por un lado, se impulsa una gran lucha popular por la tierra y la vivienda, y se legisla además en ese sentido. En las urbes, el Movimiento de Pobladores se organiza y los Consejos Comunales de los barrios tratan de impedir que más personas construyan sus viviendas en lugares peligrosos. La gente se apropia de esos espacios y construye huertas comunitarias y otras instalaciones cuando las lluvias derriban viviendas. Hoy en día, ya no suelen producirse víctimas cuando el cielo atruena, pero no todo el mundo entiende que debe evitarse la autoconstrucción precaria en lugares inhabitables y se continúan generando conflictos en algunas comunidades. El gobierno, además, construye conjuntamente con las Comunas centenares de miles de hogares en la Misión Gran Vivienda Venezuela.

Por otro lado, el artículo que regula la invasión en el Código Penal queda configurado de manera ambigua, y cada juez lo aplica o inaplica de manera discrecional. Además, la oligarquía tradicional ha estado empleando sicarios y paramilitares para asesinar a centenares de campesinos y campesinas revolucionarias.

Los problemas legales y la corrupción de algunos jueces han sido utilizados por los terratenientes para tratar de anular muchos procesos de redistribución de tierras. Un caso paradigmático es el de la comuna “El Maizal”, a la que el propio presidente Chávez concedió cédula para desarrollar un gran proyecto agroproductivo organizado por la comunidad y una serie de viviendas. Esta comuna productiva ha sido ejemplar, pues uno de los mayores éxitos comunitarios en producción, autogestión y desarrollo de proyectos. Pues bien, recientemente el Tribunal Superior de Justicia, aplicando ese artículo, ha procedido a declarar nula la concesión legal del terreno, ordenando que vuelva a ser propiedad de los terratenientes, e incluso un miembro de la comunidad ha sido detenido. El propio presidente Maduro ha pedido que se revise la decisión judicial, y los comuneros se han declarado en rebeldía ante el TSJ. En cualquier caso, es una cuestión que refleja meridianamente las dificultades de llevar a cabo una revolución democrática. Aporrea recoge mucha información sobre este caso.

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 Al igual que en Venezuela, en el resto de América Latina es muy común la okupación de un territorio rural para afincarse, producir y sobrevivir de manera colectiva. Muy conocido es el Movimiento de los Sin Tierra, especialmente activo en Brasil, pero también existe el protagonismo de los pueblos indígenas. Los mapuches, por ejemplo, llevan décadas confrontando a los estados chileno y argentino, y a multinacionales como Benetton, tratando de recuperar los territorios que les fueron arrebatados por la fuerza. Esta lucha ha traído muertes, encarcelamientos y violencias, pero los comuneros continúan reclamando lo que legítimamente les pertenece, agarrándose además a la aplicación de la convención 169 de la OIT, que reconoce la soberanía de territorios ancestrales a los pueblos originarios. El estado chileno, sin embargo, trata de interpretar esta convención a su manera. Además, los gobiernos “democráticos” del país andino han continuado aplicando la Ley Antiterrorista de Pinochet contra el pueblo mapuche.

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Como puede verse, la okupación no es un fenómeno europeo, ni siquiera reciente, sino que de distintas maneras se desarrolla en todos los rincones del mundo. Los seres humanos necesitamos un hogar, y lugares para expresarnos y reunirnos al margen de los poderes establecidos. Esta necesidad, incompatible con el capitalismo, nos lleva a desarrollar la iniciativa y la creatividad de maneras insospechadas. Aprendamos unos de otras.

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