El año 2014 será recordado en nuestra ciudad, sin duda. Dos revueltas, una centrada en media ciudad (nuestro querido barrio de Gamonal), y otro más deslocalizada y menos masiva de momento (la actual lucha contra la especulación) han hecho que Burgos sea portada de medios estatales, europeos e incluso estadounidenses (Sí, The Washington Post habló de Gamonal y un periodista le preguntó qué pasaba en el barrio a Mariano Rajoy en la Casa Blanca).

Sin duda, los oligarcas burgaleses recordarán estos pasajes con amargura. Porque la represión y el acoso policial, la “mano dura”, no bastó para mandar a la gente a casa. De hecho, la actuación de las fuerzas de seguridad del estado fue, y está siendo, el detonante de más enfrentamientos y más tensiones.

Como resto de aquella represión quedan muchas personas a las que se les quedó marcado a sangre y fuego que esa policía de la que hablaban los periódicos servía, en realidad, para apalear al vecindario cuando se rebela. Decenas de personas encausadas, que se enfrentan a juicio y/o sanciones administrativas. Y la rabia de mucha, mucha gente, que ya sabía lo que era ver a vecinos y vecinas del barrio llenas de golpes y encausadas tras la batalla de Eladio Perlado contra el parking. Veremos qué queda después de esta nueva revuelta contra la corrupción y la especulación del cacique Méndez Pozo. De momento, seis personas detenidas y decenas apaleadas.

Sin embargo, por mucho que nos venga la rabia a la mente al recordar y vivir estos hechos, por mucho que nos indigne la actitud de la policía, hay que tener en cuenta que no nos ha tocado vivir su peor rostro. De momento, aquí no pueden permitirse actuar de una manera más brutal delante de la gente, o de las cámaras, ni mucho menos arriesgarse a que se pierdan vidas. Aunque el 14 de Enero, en la zanja de la calle Vitoria, pudo haberse producido una catástrofe si alguien hubiera perdido los nervios. Una multitud de cientos de personas abarrotaba la calle, en respuesta a la provocación policial de “robar” ese espacio, donde se realizaban las asambleas, mientras otras miles observaban atentas desde la acera y las ventanas. En medio de zanjas, vallas cruzadas, cascotes… una carga policial se hubiera podido saldar con una desgracia. Como muestra y recuerdo podemos ver este vídeo editado con la canción de A Quemarropa “Gamonal, barrio vivo, barrio combativo”, donde se recoge este y otros episodios de la tensión que se vivió en aquel grandioso Enero. También aparecen imágenes de escenas de solidaridad en otras ciudades.

Gamonalaquemarropa

Habrá quien diga que las fuerzas policiales ya se han mostrado con su cara más dura. Que lo que hicieron en Gamonal y lo que están haciendo en Burgos estos días ya es insufrible. Pues, por desgracia, la verdad es que en este país, no tan lejos, las cosas pueden ser mucho peores.

 

Si partimos del propio estado español, podemos hartarnos a ejemplos. La violencia policial ha tenido víctimas mortales, también en “democracia”. Violencia que ha sido empleada a fondo tanto en la represión de la delincuencia social como contra manifestaciones o enfrentamientos de orden político. Aun obviando los años setenta, donde decenas de personas fueron asesinadas a sangre fría en las calles por las fuerzas policiales, especialmente en Euskal Herria, los hechos son muy graves. Especialmente para quien los padece, claro. Como muestra, aqui puede leerse el resumen del Informe contra la tortura en el año 2013 elaborado por la Coordinadora para la Prevención de la Tortura.

Pero en el estado español también ha existido otra represión, cuyo origen se encuentra igualmente en las cloacas del estado. Hablamos de los grupos paramilitares o parapoliciales que fueron creados y/o amparados desde comisarías, cuartelillos y ministerios, desde los tiempos de Adolfo Suárez hasta los del “Señor X” del PSOE de Rubalcaba. Ahora se sabe que el surgimiento de estos grupos tuvo mucho que ver con la colaboración del gobierno de Suárez, el rey y Botín con la dictadura argentina, que ya utilizaba este terror paraestatal para deshacerse de opositores.

También habría que hablar de otra violencia consentida en buena medida por el estado: la de los grupos fascistas, ultraderechistas y/o neonazis, que son responsables de aproximadamente 100 asesinatos, y de miles de agresiones racistas y crímenes de odio cada año. La última víctima que recordamos fue el joven Carlos Palomino, apuñalado por un soldado que militaba en el partido neonazi Democracia Nacional, pero ayer se cumplieron 22 años del asesinato de Lucrecia en Madrid, una inmigrante dominicana abatida por un guardia civil y tres jóvenes fascistas. La historia de esas víctimas la cuenta el documental “Ojos que no ven”, publicado en 2008 y de libre difusión.

 

Así que sí, la realidad es mucho más dura de lo que creemos, incluso aquí, en la democracia borbónica. En futuros posts se analizarán las realidades mucho más crudas y desgarradas de otros lugares, más lejanos, pero que tienen buena relación con nuestra ciudad a través de la solidaridad internacionalista que varias organizaciones burgalesas han practicado durante décadas. La Colombia Feroz con la que nuestros gobiernos firman Tratados Libres de Comercio mientras asesina a sindicalistas, indígenas, defensoras de DDHH, campesinos… La Palestina que sufre el genocidio desde los tiempos de la ocupación británica. El México que sigue llorando de rabia a sus estudiantes desaparecidos. La Honduras que acariciaba la democracia hasta que se la arrebataron con un golpe de estado… No con la intención de generar tristeza ni desánimo, sino con la firme convicción de que la humanidad puede ignorar ni mantenerse impasible ante los crímenes impunes contra el pueblo. Ni siquiera en un barrio de una ciudad pequeña.

 

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